El lema de la reciente cumbre del Foro Económico Mundial, realizada en Davos, fue «reconstruir la confianza». En el mundo fragmentado, polarizado y cada vez más incierto en el que vivimos, los cambios están ocurriendo con rapidez a medida que fenómenos globales como la revolución de la inteligencia artificial, el cambio climático y las transformaciones en el mercado del trabajo redibujan la arquitectura con la que se está moldeando el planeta.

En ese contexto de transformaciones profundas, las empresas están llamadas a cumplir un rol importante en cómo conducir el proceso. Posicionadas – en general – entre las instituciones que gozan de mayor confianza ciudadana, la influencia que tienen para mejorar, a través de las buenas prácticas, la confianza en todos los niveles es vital. El llamado fue a que solo a través de una cooperación público-privada, en la que todos los actores conversen, se podrá dar respuesta a los grandes desafíos actuales.

Eso traerá consigo grandes retos para las empresas chilenas. El estándar que están exigiendo las compañías globales a sus cadenas de suministro, de las cuales ellas forman parte, las obligará a subir su propia vara si no quieren ser reemplazadas por otras. Las grandes multinacionales, por ejemplo, han creado divisiones encargadas de auditar a sus proveedores para asegurarse de que cumplan con las exigencias que ellas mismas se han impuesto en aspectos ESG.

Para cumplir con estos estándares, es esencial que las empresas locales trabajen en el desarrollo de una buena gobernanza que guíe sus acciones, ya que sin un gobierno corporativo sólido es muy fácil caer en prácticas como el greenwashing u otras que las dejarán fuera de competencia.

La clave está en la G de los ESG, ya que es la base sobre la cual se construye la confianza en toda línea. Pero una buena gobernanza no se reduce a tener un buen directorio. También implica contar con estructuras de incentivos basadas en las metas ESG; iniciativas que prevengan la corrupción y estimulen la integridad; un buen manejo del riesgo y de situaciones de crisis, y un compromiso con todos los stakeholders. En simple, la buena gobernanza es el «rayado de cancha» o el marco dentro del cual operan las organizaciones.

Es fundamental entender que no se trata solo de cumplir la ley, sino de manejarse con un estándar ético y una escala de valores en la que no importa solamente el qué, sino el cómo. Ojalá este 2024 sea una gran oportunidad de subirnos al carro de la G para no quedarnos fuera del mercado global, y al mismo tiempo, reconstruir la confianza desde el sector privado.

Por: Susana Sierra

Fuente: El Mercurio

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